Murallas, derribos y ensanches en Galicia (I)

Muralla de Lugo
Cualquier obra de arquitectura es difícil que permanezca inalterable con el paso del tiempo, eso le ha venido sucediendo a las murallas en Galicia hasta prácticamente desaparecer la mayoría de ellas.
El derribo de las murallas de la ciudad gallegas va ligado a los ensanches, fenómeno urbanístico vivido en el siglo XIX y comienzos del XX ante la presión demográfica y la necesidad de modernizar las ciudades. Los argumentos esgrimidos para justificar este derribo se basaban sobre todo en que las murallas habían perdido su valor defensivo, pero también que creaban problemas al crecimiento urbano porque constreñían la ciudad y suponían un obstáculo vial entre la zona vieja y la zona extramuros en expansión.
Con estos argumentos aceptados por muchos, los ensanches comenzaron a llevarse a cabo sobre todo en la segunda mitad del siglo XIX, para ello, con el fin de ordenar esta nueva zona de crecimiento de la ciudad, se hizo un borrador de la ley de Ensanches aprobado en 1864, que lo completaba un reglamento de 1867, para regular la urbanización y parcelación de los nuevos terrenos. También se determinó la construcción de rondas en los terrenos liberados de las murallas, sin embargo, a este control público de ordenación escapaba la edificación que estaba en manos privadas y que dio lugar a una gran especulación y abuso por parte de los particulares.

Muralla de A Coruña
Así fueron cayendo las murallas gallegas una a una, salvo Lugo que resistió el envite y has ayer lucía como una de las murallas más hermosas e interesantes de Europa. (Bueno, después del derrumbe de hace dos días veremos que determinación se toma).
El broche final, de momento, a este capítulo lo ha puesto la muralla del Arsenal de Ferrol el pasado 19 de diciembre de 2025, cuando se comenzó a demoler de forma parcial esta muralla que fue diseñada en 1732 por el ingeniero militar Francisco Montiagú, concebida con un diseño academicista, garantizaba el cierre y la seguridad terrestre del recinto. Este junto con el Cartagena eran los dos ejemplos más interesantes de este tipo de arquitectura del siglo XVIII. La muralla ya había sufrido anteriormente variaciones de altura, apertura de puertas o desaparición de tramos.
En el siglo pasado comienzan oírse voces, entre ellas las del escritor ferrolano Torrente Ballester, que piden su derribo para abrir Ferrol al mar. En 1969 hay un primer intento que no fructifica, pero la reivindicación se vuelve cada vez más recurrente. En 1993 derriban dos tramos, hecho que se celebra con fuegos artificiales. Un alcalde la llamó “monstruo de pedra…” El debate entre partidiarios y detractores de su desaparición continúa y solo la falta de recursos económicos lo fue ralentizando, hasta que en el presente siglo se fue consolidando bajo el lema de “Abrir Ferrol al mar” y así en 2023 llega el acuerdo definitivo de derribar la muralla, a pesar de la recomendaciones, que abogaban por mantenerla, de las instituciones vinculadas al patrimonio cultural y militar y a las catalogaciones de experto solicitadas y financiadas por el Ayuntamiento, la Diputación y la Xunta de Galicia, que consideraban bien esencial a todo el conjunto, sin olvidar que en 1986 fue declarada BIC (Bien de Interés Cultural). Pues bien, el pasado diciembre la retroexcavadora en presencia de las autoridades municipales, provinciales, autonómicas, estatales y militares inició el sexto derribo de la muralla de Ferrol.

Muralla de Ferrol
Esto no es algo nuevo, pues ya en la segunda mitad del siglo XIX en la que las ciudades gallegas experimentan una serie de transformaciones económicas, sociales y demográficas, que exigen un proceso de urbanización y de expansión, que va a dar origen a los ensanches en los que se abren nuevas calles y plazas en las que se asienta la burguesía, la zona comercial y los nuevos edificios administrativos. El ensanche decimonónico lleva implícito la desaparición de las murallas allí donde las hubiese y eso va a suceder tanto en A Coruña, Vigo, Pontevedra o en Santiago.
En A Coruña, la ciudad vieja o alta se encontraba muy constreñida y ruinosa entre las murallas, mientras la zona baja, la Pescadería, era más moderna y comercial. La demolición de la muralla y los fosos va a facilitar la comunicación entre las dos zonas, creando un ensanche moderno con nuevas viviendas y construyendo en el conocido como Campo del Derribo una plaza, hoy conocida como de María Pita, con un paseo central, rodeada de casas porticadas de alzados uniformes y presidida en la zona norte por el edificio del Ayuntamiento.
Junto con A Coruña, Vigo es la otra ciudad que mejor representa el progreso burgués de finales del siglo XIX. Siendo un pueblo de pescadores crece de forma espectacular en las últimas décadas de este siglo. Se derribaron las murallas, se rellenó el malecón, se abrieron nuevas calles y en el Arenal se hizo la Alameda, ya en 1898 se derribó la Puerta de Laxe, uno de los últimos vestigios.

Muralla de Pontevedra
Lo que no pudo conseguir Vigo fue la categoría administrativa de capital de la provincia que le fue otorgada a Pontevedra. Esta, a pesar de ello, no saldrá de su largo letargo hasta finales del siglo en que ya adquiere la fisonomía de capital de provincia. Se derriban las murallas, facilitando la unión del barrio pesquero con el burgo, se abren nuevas calles y en 1880 el Ayuntamiento adquiere el campo en torno a las ruinas del desamortizado monasterio de Santo Domingo. En este ensanche se construirá el Ayuntamiento sobre un baluarte de la antigua muralla. El edificio tenía dos entradas destacadas, una se abría a intramuros lo que confirma la importancia aún de la zona vieja y otra a la Alameda, lugar de asueto de la burguesía en torno a la que se levantarían edificios institucionales y educativos.
Texto: Mercedes Gallego Esperanza
Fotografías: Wikimedia Commons