El guaraní

La Comisión de Educación y Ciencia del Parlamento Gallego acaba de aprobar una proposición no de ley, presentada por el BNG, en defensa de los derechos lingüísticos del guaraní. Evidentemente el guaraní junto con los casi tres mil idiomas que -según el BNG- corren el riesgo de desaparecer, cuentan con mi respeto y mis mejores deseos de que perduren en el tiempo, formando parte del legado cultural de sus pueblos.

Dicho esto, he de confesar que la noticia de que la Comisión se dedique al altruismo foráneo –llamémosle así- cuanto menos me ha causado sorpresa, teniendo en cuenta la cantidad de problemas sin resolver que arrastran las áreas de su responsabilidad.

Volvamos la vista hacia nuestro sistema educativo, con uno de los resultados más bajo de la OCDE, que agoniza dividido en diecisiete subsistemas sin lograr un pacto nacional por la Educación que ponga freno a este deterioro que se acrecienta cada año. Aquí las comunidades autónomas tendrían mucho que hacer. Y qué decir del hecho de ser incapaces de lograr armonizar la riqueza cultural que supone poder expresarnos en dos lenguas, sin que ello originase discrepancias y desigualdad.

En cuanto a nuestro rico patrimonio artístico se puede observar como en muchas ocasiones se deteriora ante la pasividad e insensibilidad de sus responsables. Ejemplo fehaciente de ello, entre otros muchos, puede considerarse la ciudad de Ourense, en la que el claustro del convento de San Francisco (S. XIII) permanece a la intemperie, sin techumbre, por la dejadez del gobierno socialista. Los orensanos tienen que acudir a una biblioteca con unas instalaciones obsoletas porque las obras del nuevo edificio llevan paradas desde 2004. Las obras del Museo Arqueológico siguen los mismos derroteros, por no hablar de la antigua sede del Banco de España y un largo etcétera. Pues bien, esto solo es una referencia a la ciudad de Ourense. Ahora multipliquemos por todas las ciudades y pueblos de Galicia con problemas en la conservación de su patrimonio y saquemos nuestras propias conclusiones.

Queda tanto por hacer en y por Galicia que sería necesario reflexionar a la hora de establecer prioridades.